martes

FELIZ CUMPLEAÑOS

HOY CELEBRAMOS 12 AÑOS.. DE LLEVAR SONRISAS A NUESTROS NIÑOS!!!

lunes

UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

El taller de literatura en las cumbres de Canoabo, efectuado en el marco del V Encuentro de Teatro para Niños “Más Allá de los Cuentos”, tuvo el certero propósito de impartir algunas técnicas en el oficio escritural y estimular la creatividad de quienes, además de compartir sus experiencias en el campo literario, las artes escénicas y la docencia, estaban dispuestos a afrontar el reto de escribir cuentos y poemas, con la única intención de aprender a escribir escribiendo en un taller cuya aula estuvo expuesta a la luz y el aire.

Las cumbres de Canoabo constituyen un escenario fabuloso, donde las criaturas de la imaginación se mueven a rienda suelta, entre una algarabía de júbilo y un deseo lúdico por desentrañar los misterios de la razón y la sinrazón. Nadie quedó indiferente ante las maravillas que nos depara la naturaleza y todos aprendimos algo más de la convivencia humana. En lo que a mí respecta, debo confesar que fue una experiencia desmesurada en todos los sentidos, a tal extremo que, al término del taller, me sentí como la boa de Antoine de Saint-Exupéry, que primero se tragó a un enorme elefante y luego necesitó mucho tiempo para digerirlo poquito a poco.

El taller de literatura en las cumbres de Canoabo dio mucho más de lo esperado, no sólo porque se conjugaron sentimientos colectivos y se anudaron lazos de sincera amistad, sino también porque se demostró que la fantasía no conoce fronteras, espacios ni edades. Con estas premisas es lógico que se dieran las condiciones para re-crear personajes en un ámbito que invitaba a la meditación y el goce estético. Así es como algunos, inspirados por la flora y la fauna del contexto inmediato, y otros motivos por el puro placer de escribir un cuento bien contado, dejaron correr y volar a los hijos de su alma en un ecosistema hecho de encanto y belleza.

Es también necesario hacer extensivos nuestros agradecimientos a los integrantes del Teatro Tknela, que hicieron posible la realización de este singular evento, a la familia amiga que nos acogió amablemente en La Pintera y, desde luego, un especial agradecimiento a Carolina Theis, quien, desde un principio y con esfuerzo tesonero, apostó por este proyecto que, tras jugar con las ideas y las palabras, alcanzó un final feliz y un resultado que se concretiza en este modesto trabajo, donde los sueños y las ilusiones se funden en una realidad inconmensurable.


Víctor Montoya

EL SECRETO DE VICENTE

En aquellos días, la vida de un niño de Canoabo no era distinta a la de hoy.

La rutina de Vicentico pasaba por levantarse, con la primera luz del día, para ayudar a mamá con las gallinas, recoger los huevos para preparar el desayuno y llevar las bestias a comer; de allí al baño y a la escuela, hasta terminar la mañana. Después del almuerzo, Vicentico cumplía con las labores del colegio y subía a La Pintera a encontrarse con sus amigos.

Siempre contaba de sus aventuras y, claro, pocos le creían. Y quién se cree que un niño puede volar durante horas o nadar durante tardes enteras debajo del agua, perseguir a otro jugando El Paralizado, brincando de árbol en árbol, o quedarse suspendido durante algunos minutos en el aire para libar el néctar de las flores... Éstas eran las tardes mágicas de aquel pequeño niño, cuyas historias, más que inventadas, parecían haber salido de un cuento de hadas.

Cuando subía, él siempre se aseguraba que nadie le siguiera, ésta era la forma de mantener su secreto. En la orilla del río, un cardumen de carpas lo recibían con una fiesta, las paraulatas ponían la música y el baile corría por cuenta de las avispas y las abejas, los pericos no paraban de hablar en esta reunión y el picaflor libaba néctar hasta embriagarse.

Éstos eran los amigos de Vicente, que todas las tardes tenían maravillosos encuentros allí donde el silencio escondía felices momentos.


David Tovar

EL TESORO DE ROCÍO

Rocío, la niña de grandes rulos, luz en la sonrisa y su facultad especial de escuchar a Dios a través de los ojos, vivía en una montaña como ninguna otra, emanando destellos de oro, más divinos según el movimiento del sol, los árboles y la aurora.

Una tarde, esta angelita, como la llamaban muchos de sus vecinos, encontró la alegría de recibir un bello regalo: todas las formas y los colores del mundo dentro de una pequeña botella. ¿Saben qué es? Un caleidoscopio que había creado su madrina junto a su gran amigo Yépez.

Este caleidoscopio era su mayor tesoro, lo contemplaba por horas, lo enfrentaba al contacto con los árboles, al trasluz del sol, y apreciaba las bellas formas, las figuras y el contraste de los múltiples colores integrados en su interior.

Estaba feliz de compartir con su tesoro nunca imaginado, que se convirtió en su juguete y amigo predilecto. Pasear con él era lo que más emoción le provocaba.

Un día, su madre la invitó a un paseo por el mar y, al igual que la gran alegría que sintió mientras jugaba con el bello tesoro, ahora, ilusionada y llena de vida, se inspiraba en la hermosura del cielo y en las olas del mar... En ese instante, una fuerte ola, sin pedir permiso, se llevó el tesoro. La niña trató de rescatarlo, muy molesta le exigía al mar que le regresara su caleidoscopio, pero fue imposible.

Así que volvió a casa muy triste, subió a la cima de la montaña muy sola, porque no tenía con quien jugar. En eso llegó su madrina, la miró y, con una sabia sonrisa, la acompañó a contemplar el mar que se veía desde la cima donde estaban, hasta que llegó el alba y el mar reflejó en la montaña todas las formas y los colores del caleidoscopio. Desde entonces, todos llamaron a esa montaña “La Pintera”.


Marlyn Carina Campero
Yudeixy Ayari Sivira Sierra
Teresa Barrios
Sandra Rodríguez

EL MAGO DE LA COLINA

Jeny era una niña que vendía rosas en el pueblo de Canoabo, amaba levantarse todas las mañanas, bien temprano, para recorrer las cumbres, mientras su hermano Niwman prefería dormir y levantarse a jugar con los animales, pero era incapaz de salir de su casa sin ponerse su cachucha...

Un día, muy de mañana, Jeny se empeñó en llevarlo a trabajar, pero como Niwman estaba tratando de escaparse a jugar, ella decidió quitarle su cachucha. La escondió en su canasto y comenzó a bajar la pendiente rumbo al pueblo. Se detuvo en la carretera para esperar el transporte y, desde ahí, oía los gritos de su hermanito pidiendo su cachucha.

Jeny pasó el día en el pueblo, vendiendo las rosas que había recogido. A su regreso, en la tarde, se sorprendió al ver a su hermano a la orilla de la carretera, con un gorro que parecía un barquito de papel, hecho con periódicos viejos, y a un grupo de niños haciendo cola para obtener otros gorros como ése.

El niño, al ver a su hermana, levantó uno de los gorros y le mostró la cantidad de monedas que había ganado con la venta de tantos gorritos de papel.

Cuando Jeny le preguntó:

–¿Qué hiciste Niwman? ¿De dónde sacaste eso?

–Me enseñó Jesús –respondió–, el Mago de la Colina.

–Lo sabía –comentó Jeny–. Es el mismo que me enseñó a valorar y amar a las rosas cuando yo sólo las maltrataba.

–Así es –dijo Niwman–. Él me enseñó también a cuidar mi ambiente y, al mismo tiempo, a ayudarte para que no seas tú la única que trabaje.


Niwman Gutiérrez
Jennifer Vera
Jesús Mercado

EL DUENDE DE LAS CUMBRES

Esa tarde reapareció el duende en las cumbres. Sairi y Sofía jugaban con las arañas, cuando llegaron de la ciudad Amanda y Manuela, emocionadas a encontrarse con sus amigos. La alegría de esos hermosos rostros reflejaba por sus ojos el paisaje del lugar; un paisaje salpicado de sonidos, enmarcado en el silencio de las montañas de La Pintera.

El aroma impregnado de libertad atrapaba a niños y adultos. Unos y otros se dedicaban, con gran responsabilidad, a disfrutar de la vida. De ellos sólo los corazones nobles volverían a encontrarse con el duende de las cumbres, ese duende que por las noches carga con energía creadora el espíritu de propios y visitantes.

En una pequeña explanada, como expuesta sobre la paleta de un artista, las carpas, dispuestas en círculo, se van abriendo con la noche para tragarse a hombres y mujeres paridores de sueño. Los perros de Sandra saludan con sus colas, London muestra sus ojos de perro amigo y las morochas, con su hospitalidad, nos recuerdan a Moncho, mientras la luna enfría el manantial.


Jesús Mercado

EL ELEFANTE

Una tarde se me ocurrió sentarme a contemplar la montaña, y entre la espesa neblina vi, a lo lejos, un elefante que se confundía con los árboles que rodeaban una escuela. El elefante llevaba un maletín lleno de libros muy pesados.

Los niños saludaban y corrían para llegar primero, en tanto yo me preguntaba qué iba a hacer el elefante tan temprano, pues de vez en cuando, con ronco sonido gutural, anunciaba su entrada en la escuela, donde se reunían en círculo en el auditorio, muy atentos para escuchar los cuentos que todos los días el elefante les contaba a los niños.

Cierta vez, cuando casi llegaba a la escuela, el elefante tropezó y cayó montaña abajo y sus libros de cuentos se esparcieron por la montaña. Con el trascurso del tiempo, cuando el viento soplaba fuerte, se escuchaba el ronco sonido gutural del elefante y una canción titulada: “Más allá de los cuentos”.

Así es como en honor al elefante, todos los años y en la misma fecha, se organizan en la montaña festivales de artesanos, cuentacuenteros, titiriteros, magos, músicos, poetas, teatreros y escritores de sumo prestigio.

Ese sitio mágico queda en las colinas de Canoabo.


Teresa Barrios

JUANCHO, EL DEFENSOR DE LA CUMBRE

Una mañana Juancho, un mono muy simpático, se levantó asustado por un gran ruido que no había oído nunca. En su habitat, que eran las cumbres de Canoabo, había una hermosa vegetación, con grandes árboles frondosos y llenos de vida.

Después vio que en la cima de uno de los árboles estaba su tío orangután, que se movía muy inquieto.

–¿Qué pasa, tío? –le preguntó Juancho–.¿Por qué estás tan inquieto? ¿Y ese ruido tan extraño a qué se debe?

Entonces su tío orangután le pidió que subiera a donde estaba, para que viera la cosa monstruosa que estaba pasando en la montaña.

Juancho trepó al árbol y, al llegar a la copa más alta, divisó algo aterrador, algo que jamás imaginó en su vida; vio cómo los hermosos árboles iban cayendo uno a uno y se asustó muchísimo. Así que le preguntó a su tío orangután:

–¿Por qué están cayendo nuestras casas?

Su tío orangután le mostró a un grupo de personas manejando una enorme maquinaria.

–Ves esos seres extraños –dijo–. Son personas.

–¿Personas? –preguntó–. ¿Y de dónde son? Nunca las vi antes en estas montañas.

Su tío orangután le explicó que eran de la ciudad y que vinieron a tumbar sus casas para llevárselas. Así que Juancho, muy preocupado, pensó que si se llevaban todo, se quedarían desprotegidos.

–Habrá que hacer algo para impedirlo –dijo.

–Nadie puede contra el poder del hombre –aclaró su tío orangután. Luego añadió–: Nosotros no les interesamos. Los hombres son seres egoístas. Sólo piensan en sí mismo y no en los demás.
Juancho miró alrededor del bosque y, de repente, se le ocurrió una idea brillante y se la transmitió a su tío:

–Qué te parece si les hacemos entrar en razón.
–¿Pero cómo, sobrino?

–Que tal si llamamos a nuestra hada mágica, la mariposa azul, y pedimos la ayuda de nuestros demás compañeros.

–Estoy de acuerdo contigo –dijo.

Inmediatamente Juancho fue a buscar a la hada azul, quien resguardaba su reino en las montañas, mientras su tío orangután se quedó a vigilar a los hombres, quienes seguían tumbando los árboles sin sospechar que estaban vigilados.

Cuando Juancho llegó al lugar con la hada azul, le enseñaron cómo estaban acabando con la naturaleza. Entonces ella, sumamente molesta, convocó a los animales y dio órdenes de cercar el lugar. Los hombres, al ver que los animales les rodeaban enfurecidos, se asustaron mucho y se quedaron quietos.

La hada azul se les acercó muy molesta y les reprochó por su mala actitud hacia la naturaleza, ya que no la cuidaban ni la respetaban. Los hombres, al oírla, se avergonzaron. Ella, asumiendo su condición de hada, les lanzó una lluvia de flores mágicas que los hizo recapacitar y reflexionar.

Una vez que cambiaron su actitud hostil hacia la naturaleza, recogieron su enorme maquinaria y retornaron a la ciudad.

La hada azul, con el poder de su magia, hizo que volvieran a retoñar los árboles y las flores en las hermosas cumbres de Canoabo.

Los animales se alegraron al ver que los árboles volvieron a la vida, mientras la hada les dijo:

–Cuidemos de nuestra naturaleza, porque es lo más hermoso que nuestro gran Dios nos ha regalado y salvemos al mundo del calentamiento global.


Serafino Salvi

TALLER LITERARIO EN LA CUMBRE DE CANOABO

MATILDE Y LA LIEBRE MAESTRA


¡Voy subiendo por las cumbres de Canoabo!,
Grita la coneja Matilde.
¡Apúrate!, dice la ardilla,
Quien alegre exclama:
¡Qué lindo es todo! ¡Qué maravilla!

Vamos llegando a la escuela.
¡Ahí está la liebre maestra!
¡Quien nos enseña a leer!
¡También a sacar cuentas!
¡Qué frío! ¡Matilde!
¡La muy coqueta se sienta en la silla!
Abre su cuaderno azul
También su cartilla.

La maestra liebre
Con su poemario en mano
Invita a Matilde para que lo lea
Ella, encantada, se levanta
Y comienza su tarea.


Ingrid Chourio de Martínez

TALLER LITERARIO EN LA CUMBRE DE CANOABO

POR LAS CUMBRES DE CANOABO


Vicente caminaba
Por las cumbres de Canoabo
En la mano izquierda el pabilo
Y en la derecha el papagayo

Sus amigos lo siguen
Con hermosos barriletes
Unos con otros peleaban
Con sus dimes y diretes

Con su muñeco porfiado
Sube Amanda las colinas
Y con sus calidoscopios
Y una bandada de niñas

El señor Yépez contento
De ver su obra en acción
Por el paisaje canoabero
Que pintó nuestro señor


Ingrid Chourio de Martínez

TALLER LITERARIO EN LA CUMBRE DE CANOABO

CUMBRES DE CANOABAO

A mi madre


¡Tu niñez!
Me siento cerca de tu infancia
Te puedo divisar en las colinas
Te veo allí, de pie en la cumbre
Tus cabellos los mueve el viento
De las rosas
¡Qué linda te ves!
¡Cómo corres
Por ese espacio mágico
Que te vio nacer!
¡Tus tierras, tus perfumes,
Tus árboles, tu cielo,
Tu sol, tu luna canoabera!
Aquí estoy, embelesada,
Frente a la esplendidez
de tu niñez.


Ingrid Chourio de Martínez

TALLER LITERARIO EN LA CUMBRE DE CANOABO

TALLER DE LOS ANIMALES


Salta el mono
De la colina
El cachicamo
Va a la cocina
Vuela el cóndor
Con elegancia
Y el elefante
Cuenta su infancia
La mariposa alza su vuelo
El chigüire se ríe
Del lobo
Que no causa miedo
El gato maúlla
En la madrugada
Porque la araña
Está enamorada
La liebre corre
Con emoción
Con cada animal
En su corazón


Ingrid Chourio de Martínez
16/04/08